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sábado, 25 de junio de 2011

Muchedumbre



Muchedumbre
Luis Brotons
Con especial afecto a todos los que cruzan a diario por
mi camino y me reconocen y hasta saludan.

Son las tres de la tarde y mucha gente circula a mi alrededor me miran o no me miran pasan o se detienen sin voltear a ver si están estorbando sólo caminan y se afanan por llegar a sus destinos de trabajo de escuela de familia de amante y demás tal vez son conocidos por muchos o por pocos y yo no les conozco ni ellos a mi ni tal parece que les importe o ellos a mi pues simplemente pasan por las calles y no nos importa nuestro destino ni nuestras tragedias y somos transparentes fugaces etéreos sin mayor valor que el que nosotros mismos nos damos o aquel que quienes sí nos conocen nos otorgan yo no dudo que lo tengan pero no para mí sino para sus allegados compañeros amigos o amantes sólo ellos se conocen se saborean entienden sus aficiones y su forma de vivir y pienso que no les pertenezco ni me pertenecen somos miles y tal vez millones pasando estorbándonos empujando y sintiendo sus cuerpos que sudan y hasta hieden en una ciudad que apabulla con sus grises calles y avenidas y sus edificios viejos o nuevos grandes y pequeños unos cuantos árboles y otros tantos perros cuyas heces esquivo sin que a nadie importe pues es parte del espectáculo de la ciudad entonces fijo la mirada en el suelo y veo gargajos que también tengo que rebasar pues ni mis suelas deben tocar tan desagradable esperpento y así vienen los papeles y chicles que invaden las áreas del peatón que sólo es peatón y se convierte en marioneta de los proyectos del gobierno quien nunca se da abasto para satisfacer todos los requerimientos poblacionales sin saber ni conocer a los tantos y tantos juanes anónimos que a diario pululamos por la calle sin más afán que el de llegar a donde sólo ese o aquél Juan o Juana saben y nos volvimos más anónimos cuando aparecieron los audífonos que nos permitieron un mayor refugio y aislamiento de los demás y con eso creemos ser libres de quienes viajan en nuestro transporte o tranvía o autobús cuando en realidad nos hermanamos con nuestro aislamiento de ermitaños en medio del caos que no obstante la sordina compartimos en multitudes que cada cuanto se tornan agresivas por no ceder un espacio o tal vez avanzar a una pequeña mayor velocidad y todos nos incomodamos y nos estorbamos unos a otros y nos tocamos las nalgas y los penes y las chichis y nos tocan y nos aguantamos la mayoría de las veces ya que en el tumulto tal vez no se vale protestar a riesgo de que te digan que si no vas cómodo mejor tomes un taxi y el insulto se recibe o profiere sin otras consecuencias que la inquietud que provocas a los demás que sólo quieren vivir su anonimato y su soledad que no será compartida hasta cuando aparece el destino de nuestro andar y te escribo por el celular y me contestas y me dices y te acuerdas de mí y hasta nos conocemos y parece mentira que mientras unos duermen en el autobús otros nos dediquemos a pensar en la soledad en que el ser humano se encuentra en medio de sus grandes ciudades y conglomerados humanos que pululan por el centro comercial y compran y visten creyendo que es la moda y que el atuendo les va muy bien pero que para otros ojos serán símbolo de mal gusto pues no se parece al que se acostumbra en mi barrio y mi sociedad y luego las tribus urbanas que al considerar que son diferentes se aíslan de otras cuantas tribus iguales y más o menos numerosas ya que sus pelos pinturas vestidos y aretes no difieren de los muchos otros que van en el autobús de atrás pero cuando se juntan los siete u ocho individuos que pertenecen al grupo entonces se sienten parte de él y son acogidos pero rechazados porque a otros les pareció que no debieran vivir en la ciudad y así veo enfermeras y estudiantes y amas de casa y parejas o niños o hasta borrachos que tienen sus historias que desconozco pero me intrigan y pienso que algún día cuando bebés tal vez fueron admirados y amados por sus papás pero que la vida les he tornado en seres de este mundo y sociedad que les convirtió en uno más en parte de una fría estadística que permite parcialmente conocer a las multitudes y nunca al individuo que tiene sus afanes y sus historias que tiene sus quehaceres aunque no sean como los tuyos pero que también han amado y hasta se han ilusionado pero no de ti miserable número de la estadística sino del otro quien le acompaña hasta el final y cuando se pierde y se muere lo lloras y extrañas cuando en realidad no era más que un dato de muerte por alguna u otra razón que pasará a enriquecer las causas de mortandad que admiraremos en los tratados y estudios demográficos de esto que denominamos ciudad que es de esperanza como nos han dicho pero no hemos aclarado quiénes o cómo son los esperanzados pues no nos conocemos ni nos miramos ni mucho menos nos saludamos ya que vivimos aislados pasando el uno al lado del otro sin mayor conciencia de su existir sólo en la medida en que nos estorba en nuestro andar o bien facilita nuestra circulación y le queremos ganar y llegar antes al mejor lugar en el andén y luego en el vagón y así hasta demostrar que somos únicos y en todo los mejores y que no hay quien nos iguale aunque digamos que todos somos iguales pero nos gusta ganar y si es necesario tranzar para avanzar porque el que no tranza no avanza dicen algunos y si de eso se trata pues se hace necesario aplicarlo desde que ponemos un pie fuera del hogar para avanzar en el coche que sólo en mi casa admiran pues para los demás no es sino otro vehículo con el cual competir y nunca compartir pues no debe tener derecho de paso ni derecho sobre mi vehículo o mi propiedad y así sea peatón o camión no le dejaré pasar ya que tengo derecho y nadie me va a apantallar con su condición de conciudadano que no es más que otro para estorbarme y detener mi andar ya que quiero vivir en esta ciudad pero con todos y sin nadie que me estorbe para poder tener las oportunidades pero siempre que no me las vayan a agandallar porque el trajín en esta vida es vivir y crecer y reproducirme a mi mayor placer y satisfacción sin que medien valores o falsas modestias ya que el verdadero sentido del vivir consiste en ser el mejor en el sentido que cada quien pueda interpretar y nadie absolutamente nadie aceptará un grado menos de ser el mejor cuando le preguntemos ya que así lo aprendimos en la cuna y nos dijeron que seas lo que seas quiero que seas el mejor y nos lo creímos y lo copiamos y lo importamos de un pueblo al que consideremos tiene la mejor manera de vivir cuando en serio nos decidimos y tratamos de huir y cuando sólo unos pocos lo logran y escapan del bullicio y la rutina y de la flojera del nuevo comenzar y luchar para entender que el sino y sentido de todo está muy lejos de lo que nos ofrece la hermandad de la sinrazón y surgen obras y más obras para facilitar el tránsito a quienes son dueños no de los autos sino de los créditos que tal vez nunca irán a pagar porque ya sabemos que el que no tranza no avanza y si hoy te mueres o tal vez soy yo el que desaparezco amigo transeúnte te irás a acordar de mí o acaso te enterarás que he muerto porque a veces mueren personas y nos dicen que fueron hasta más de 200 en fosas clandestinas y trescientos o algunos más y ya sabemos que no son o fueron personas sino cifras estadísticas de la barbarie que nos toca ahora vivir y me dicen que ya ni Acapulco es bello y que por menos de quinientos pesos te pueden matar aunque no vayas a ser más que otro en el cúmulo de cifras que llegan a mil o a cincuenta mil o sólo cinco mil en cuánto tiempo no lo sé ya que tal vez ocurrió en seis meses o un año y luego qué si no nos importa porque ya nos acostumbramos a la tragedia de las familias y de los hogares y eran esos seres que tal vez un día caminaron junto a nosotros y no supimos cómo iban a terminar o ellos ni se preguntaron si al terminar mi existencia alguien me iba a extrañar pero siempre supongo que hay alguien que espera en casa y que hasta se preocupa por ti mi querido viandante yo al menos hoy lo hice y me fijé en ti. ¡Amén!

martes, 21 de junio de 2011

Muchedumbre



Muchedumbre
Luis Brotons
Con especial afecto a todos los que cruzan a diario por
mi camino y me reconocen y hasta saludan.

Son las tres de la tarde y mucha gente circula a mi alrededor me miran o no me miran pasan o se detienen sin voltear a ver si están estorbando sólo caminan y se afanan por llegar a sus destinos de trabajo de escuela de familia de amante y demás tal vez son conocidos por muchos o por pocos y yo no les conozco ni ellos a mi ni tal parece que les importe o ellos a mi pues simplemente pasan por las calles y no nos importa nuestro destino ni nuestras tragedias y somos transparentes fugaces etéreos sin mayor valor que el que nosotros mismos nos damos o aquel que quienes sí nos conocen nos otorgan yo no dudo que lo tengan pero no para mí sino para sus allegados compañeros amigos o amantes sólo ellos se conocen se saborean entienden sus aficiones y su forma de vivir y pienso que no les pertenezco ni me pertenecen somos miles y tal vez millones pasando estorbándonos empujando y sintiendo sus cuerpos que sudan y hasta hieden en una ciudad que apabulla con sus grises calles y avenidas y sus edificios viejos o nuevos grandes y pequeños unos cuantos árboles y otros tantos perros cuyas heces esquivo sin que a nadie importe pues es parte del espectáculo de la ciudad entonces fijo la mirada en el suelo y veo gargajos que también tengo que rebasar pues ni mis suelas deben tocar tan desagradable esperpento y así vienen los papeles y chicles que invaden las áreas del peatón que sólo es peatón y se convierte en marioneta de los proyectos del gobierno quien nunca se da abasto para satisfacer todos los requerimientos poblacionales sin saber ni conocer a los tantos y tantos juanes anónimos que a diario pululamos por la calle sin más afán que el de llegar a donde sólo ese o aquél Juan o Juana saben y nos volvimos más anónimos cuando aparecieron los audífonos que nos permitieron un mayor refugio y aislamiento de los demás y con eso creemos ser libres de quienes viajan en nuestro transporte o tranvía o autobús cuando en realidad nos hermanamos con nuestro aislamiento de ermitaños en medio del caos que no obstante la sordina compartimos en multitudes que cada cuanto se tornan agresivas por no ceder un espacio o tal vez avanzar a una pequeña mayor velocidad y todos nos incomodamos y nos estorbamos unos a otros y nos tocamos las nalgas y los penes y las chichis y nos tocan y nos aguantamos la mayoría de las veces ya que en el tumulto tal vez no se vale protestar a riesgo de que te digan que si no vas cómodo mejor tomes un taxi y el insulto se recibe o profiere sin otras consecuencias que la inquietud que provocas a los demás que sólo quieren vivir su anonimato y su soledad que no será compartida hasta cuando aparece el destino de nuestro andar y te escribo por el celular y me contestas y me dices y te acuerdas de mí y hasta nos conocemos y parece mentira que mientras unos duermen en el autobús otros nos dediquemos a pensar en la soledad en que el ser humano se encuentra en medio de sus grandes ciudades y conglomerados humanos que pululan por el centro comercial y compran y visten creyendo que es la moda y que el atuendo les va muy bien pero que para otros ojos serán símbolo de mal gusto pues no se parece al que se acostumbra en mi barrio y mi sociedad y luego las tribus urbanas que al considerar que son diferentes se aíslan de otras cuantas tribus iguales y más o menos numerosas ya que sus pelos pinturas vestidos y aretes no difieren de los muchos otros que van en el autobús de atrás pero cuando se juntan los siete u ocho individuos que pertenecen al grupo entonces se sienten parte de él y son acogidos pero rechazados porque a otros les pareció que no debieran vivir en la ciudad y así veo enfermeras y estudiantes y amas de casa y parejas o niños o hasta borrachos que tienen sus historias que desconozco pero me intrigan y pienso que algún día cuando bebés tal vez fueron admirados y amados por sus papás pero que la vida les he tornado en seres de este mundo y sociedad que les convirtió en uno más en parte de una fría estadística que permite parcialmente conocer a las multitudes y nunca al individuo que tiene sus afanes y sus historias que tiene sus quehaceres aunque no sean como los tuyos pero que también han amado y hasta se han ilusionado pero no de ti miserable número de la estadística sino del otro quien le acompaña hasta el final y cuando se pierde y se muere lo lloras y extrañas cuando en realidad no era más que un dato de muerte por alguna u otra razón que pasará a enriquecer las causas de mortandad que admiraremos en los tratados y estudios demográficos de esto que denominamos ciudad que es de esperanza como nos han dicho pero no hemos aclarado quiénes o cómo son los esperanzados pues no nos conocemos ni nos miramos ni mucho menos nos saludamos ya que vivimos aislados pasando el uno al lado del otro sin mayor conciencia de su existir sólo en la medida en que nos estorba en nuestro andar o bien facilita nuestra circulación y le queremos ganar y llegar antes al mejor lugar en el andén y luego en el vagón y así hasta demostrar que somos únicos y en todo los mejores y que no hay quien nos iguale aunque digamos que todos somos iguales pero nos gusta ganar y si es necesario tranzar para avanzar porque el que no tranza no avanza dicen algunos y si de eso se trata pues se hace necesario aplicarlo desde que ponemos un pie fuera del hogar para avanzar en el coche que sólo en mi casa admiran pues para los demás no es sino otro vehículo con el cual competir y nunca compartir pues no debe tener derecho de paso ni derecho sobre mi vehículo o mi propiedad y así sea peatón o camión no le dejaré pasar ya que tengo derecho y nadie me va a apantallar con su condición de conciudadano que no es más que otro para estorbarme y detener mi andar ya que quiero vivir en esta ciudad pero con todos y sin nadie que me estorbe para poder tener las oportunidades pero siempre que no me las vayan a agandallar porque el trajín en esta vida es vivir y crecer y reproducirme a mi mayor placer y satisfacción sin que medien valores o falsas modestias ya que el verdadero sentido del vivir consiste en ser el mejor en el sentido que cada quien pueda interpretar y nadie absolutamente nadie aceptará un grado menos de ser el mejor cuando le preguntemos ya que así lo aprendimos en la cuna y nos dijeron que seas lo que seas quiero que seas el mejor y nos lo creímos y lo copiamos y lo importamos de un pueblo al que consideremos tiene la mejor manera de vivir cuando en serio nos decidimos y tratamos de huir y cuando sólo unos pocos lo logran y escapan del bullicio y la rutina y de la flojera del nuevo comenzar y luchar para entender que el sino y sentido de todo está muy lejos de lo que nos ofrece la hermandad de la sinrazón y surgen obras y más obras para facilitar el tránsito a quienes son dueños no de los autos sino de los créditos que tal vez nunca irán a pagar porque ya sabemos que el que no tranza no avanza y si hoy te mueres o tal vez soy yo el que desaparezco amigo transeúnte te irás a acordar de mí o acaso te enterarás que he muerto porque a veces mueren personas y nos dicen que fueron hasta más de 200 en fosas clandestinas y trescientos o algunos más y ya sabemos que no son o fueron personas sino cifras estadísticas de la barbarie que nos toca ahora vivir y me dicen que ya ni Acapulco es bello y que por menos de quinientos pesos te pueden matar aunque no vayas a ser más que otro en el cúmulo de cifras que llegan a mil o a cincuenta mil o sólo cinco mil en cuánto tiempo no lo sé ya que tal vez ocurrió en seis meses o un año y luego qué si no nos importa porque ya nos acostumbramos a la tragedia de las familias y de los hogares y eran esos seres que tal vez un día caminaron junto a nosotros y no supimos cómo iban a terminar o ellos ni se preguntaron si al terminar mi existencia alguien me iba a extrañar pero siempre supongo que hay alguien que espera en casa y que hasta se preocupa por ti mi querido viandante yo al menos hoy lo hice y me fijé en ti. ¡Amén!

jueves, 9 de junio de 2011

¿Llegó?


¿Llegó?
Luis Brotons


Muchos días y dificultades pasaron antes de que Ni Gatsu pudiera llegar al añorado jardín de cerezos. Piedras que trepar, ríos que cruzar ayudado por una hoja amarilla de algún árbol vecino. Tampoco faltaron los animales que veían en nuestro pequeño grillito un bocado apetitoso para el festín de la mañana o la tarde. Pero Ni Gatsu salió siempre airoso de esas dificultades.

Una tarde, ya muy cerca del deseado y soñado sitio, Ni Gatsu volvió sobre sus pasos y por primera vez en todos esos días dudó que realmente hubiera valido la pena tantos esfuerzos y tantos peligros. Tal vez su vida en el patio de los Magnolios hubiera sido la mejor idea de gastar sus días de vida, como lo habían decidido muchos de sus amigos de infancia. Pensó que tal vez ellos hubieran sido felices con el puro aroma de las magnolias en flor, viendo las abejas acercarse a libar las mieles que tal manjar ofrecía. Tal vez, otros habían encontrado en el grupo de grillos un hogar y hasta hijos habían podido criar. No, él no había sido nunca como los demás. Desde los inicios de su vida escuchaba a los mayores narrar historias increíbles fuera del jardín donde nació. Sabía de la existencia de otros paraísos, conocía por oídas de los cerezos en flor y definitivamente sus metas y su vida habían tenido un sentido muy especial. El trabajo había sido arduo – meditó- pero la paleta, el ave y hasta el pequeño niño juguetón habían significado algo muy especial para él: se había podido conocer en todo lo que realmente valía. Había podido darse cuenta de sus verdaderas carencias pero también de sus fortalezas y eran mucho más de lo imaginado por él y por la mayoría de los otros grillos del parque donde nació.

Había reconocido que la inteligencia aplicada con prudencia era una herramienta valiosa para el éxito. Había comprendido a cuidarse, a balancear sus emociones con su vida diaria. Había entendido que a veces luchar sin un fin sólo había ablandado su verdadera fuerza y espíritu. No aceptó jamás eso de limitarse y darse por vencido en su afán. Ni Gatsu era el grillo más fuerte y el héroe entre los suyos dirían todos sus amigos de infancia cuando conocieron sus aventuras.

Ahora estaba a unos cuantos pasos del jardín. Ya podía aspirar el dulce aroma del cerezo en flor. Ya comenzaba a imaginar el momento en que podría comer de sus frutos y saborear lo que sin sus esfuerzos, jamás hubiera podido disfrutar. La miel de los aromas presagiaba el sabor de las cerezas maduras y por lo abundantes, caerían a montones sobre el pasto como un tributo a su esfuerzo, perseverancia y entendimiento. Por fin llegaría a su jardín soñado. Cien metros, quizás hasta menos. La meta estaba a la vista. Sus piernas ya agotadas a veces se resistían a obedecer. Su fuerza ya menguada por la vida misma parecía que se escapaba por entre sus músculos en tensión. Sólo unos pasos y llegaría. Sólo el poder de su voluntad podría ahora ayudarle a vencer estos últimos metros. Cincuenta, treinta, veinte…

Si llegó Ni Gatsu al jardín o no lo hizo en esta historia ya no es tan importante. Lo mejor de Ni Gatsu había floreado en un pequeño espíritu lleno de voluntad. Un ser con decisión, deseoso por conocer y experimentar. Tranquilo, lleno de felicidad es como le dejamos por el momento. Ni Gatsu hasta ahora había encontrado lo mejor de él mismo y unos cuantos metros por recorrer no nos harían conocerle mejor. Te dejo amiguito para que pienses acerca del tesoro que Ni Gatsu ha encontrado hasta ahora. En otra ocasión tal vez lleguemos a averiguar si nuestro pequeño amigo pudo saborear el espectáculo que podían ofrecerle los anhelados cerezos en flor.

jueves, 26 de mayo de 2011

Ni Gatsu en su nueva vida


NI Gatsu en su nueva vida

Luis Brotons

Noviembre o Ni Gatsu, como es dicho en japonés, había pasado ya tres días en la cajita de su captor. Sus largas piernas se entumecían y ya le dolían sus rodillitas. No había conseguido ver los cerezos en flor de los jardines en Japón y no se rendía ante el hecho de no poder salir de aquella opresión. Y aunque el chico que lo había llevado consigo lo alimentaba y le permitía ver de cuando en cuando la luz del sol, no era lo mismo que cuando vivía en libertad. Sus tres semanas de vida habían estado llenas de bellos paisajes con magnolias en flor, el cielo azul y el hermoso jardín donde nació. Esos tres días habían significado para Ni Gatsu algo así como 2 años humanos y le habían hecho padecer una gran tristeza. No viviría más en ese pequeño cilindro de color plata que era su prisión; ¡Esa era su determinación!

Una tarde de jueves, el niño Kiyoshi - en japonés significa tranquilidad- quien lo conservaba como mascota le abrió el cilindro dejando entrar los últimos rayos de sol antes del anochecer. Ni Gatsu vio en eso una oportunidad para pegar el mayor salto que sus piernas le habían permitido en su vida. Fue tan grande que alcanzó el suelo de la habitación del pequeño Kiyoshi y corrió hacia la puerta en cuya base había un espacio lo suficiente grande para permitir su escape a la brevedad.

Kiyoshi corrió tras el grillito, le gritó en un idioma desconocido para Ni Gatsu. Pero anhelaba antes que nada la exigencia de su corazón: recobrar su libertad. Traspasó la puerta del cuarto aquel y un largo pasillo le anunciaba la luz de la libertad al final. Pero el trecho era enorme, algo así como 10 metros y aquél pequeño corría tras él para volverlo a confinar en su bella cajita de metal. Kiyoshi en su afán por alcanzarlo podía lastimarlo si no lo sujetaba con todo el cuidado que el cuerpecito de Ni Gatsu podía soportar. Para fortuna de nuestro grillito, el chico era un poco atrabancado y hacía más espavientos con pocos resultados en su cacería. Unos brincos más y llego –pensaba nuestro grillo- La dicha estaba en la mira. Pero Hiyoshi venía cada vez más cerca, le ordenaba parar al acercar sus torpes manazas al dorso de Ni Gatsu. En esta ocasión logré zafarme –pensó Ni Gatsu- pero me duele una de mis patitas. A ver si voy a poder correr más. Aún lastimado, su voluntad superó al dolor. Siete brincos grandes, tres carrerillas y …

Por fin el sol, el viento, Ni Gatsu estaba de nuevo en libertad. El sol se escondía muy rápido y el pequeño grillo no reconocía nada a su alrededor. Estaba hambriento, comenzaba a hacer algo de frío y nadie a su alrededor quien le supiera informar. Por lo menos no había coches por ahí, ni muchas personas de esas que van caminando con prisas sin poner atención a pequeñas creaturas como él. Lo único que se le ocurrió fue seguir dando grandes saltos para llegar pronto lo más lejos de su captor. Pronto oscureció por completo y Ni Gatsu por fin tuvo que detener su carrera pues en el camino había muchas piedras y no quería lastimarse más. ¿Dónde dormir? ¿Qué comer? Y más aún… ¿Hacia dónde correr?

Ni Gatsu era libre de nuevo y eso era su mayor alegría. Ya amanecería mañana y encontraría respuesta a todo aquello por resolver en su nueva libertad. Ni Gatsu soñó con los cerezos en flor, por fin los alcanzaba pero, para lograrlo tendría que pasar por muchas aventuras, mostrar todo su valor para seguir en su búsqueda y encontrar esos bellos jardines tan añorados por quienes convivían con él en su ya lejano primer hogar.